Marat/Sade

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Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representados por el grupo teatral de Charentón bajo la dirección del señor de Sade es el largo título de la obra más famosa del dramaturgo alemán Peter Weiss (traducida al español por Alfonso Sastre). La mayoría de la gente la conoce como Marat/Sade, que es el título con el que realmente ha pasado a la historia. Esta obra, representada por primera vez en 1964, nos cuenta cómo Sade pone en escena la muerte del famoso Marat en el asilo de Charenton, con ayuda de enfermeras y enfermos, para el director del asilo y su mujer. Desde luego el pobre hombre no verá exactamente la obra que esperaba ver…

Marat/Sade es teatro dentro de teatro, y es una de mis obras favoritas. Tal vez sea una de las obras con mayor contenido filosófico que he leído, aunque podrían hacerse de ella muchas lecturas. Está llena de contrastes, de grandes reflexiones (normalmente incrustadas en los debates entre Marat y Sade) y de visiones incómodas. Marat es el pueblo, Sade el individuo. Marat defiende el cambio violento de la sociedad, Sade el cambio imposible del individuo.

Cuando empecé a escribir El tercer estado, en seguida supe que Marat tenía que tener un papel importante. Muchas de las cosas que ocurren en la novela están de alguna forma ligadas con este personaje, que fue muy importante para la Revolución Francesa. Siendo Marat/Sade uno de mis referentes literarios, tampoco podía dejar pasar la oportunidad de enfrentarlo a Sade. Es por eso que cierta escena -más bien cierto diálogo- de El tercer estado existe, a modo de pequeño homenaje.

Os dejo dos pequeños párrafos de esta gran obra, para que os entre el gusanillo de acercaros al teatro:

 

Marat.-

Es falso, Sade, es falso. La efervescencia

del pensamiento jamás ha abierto brecha

en ninguna muralla.

No será con tu pluma con lo que romperás

los órdenes reinantes.

Sea cual sea la idea que se tenga

de las cosas que vienen, es lo cierto

que ellas no toman cuerpo sino por los procedimientos de la acción. Estamos

tan intoxicados de ideas

transmitidas a lo largo de las generaciones

que ni siquiera los mejores entre nosotros llegan a liberarse de ellas. Hemos

inventado la Revolución y no sabemos todavía

cómo servirnos de ella.

 

Sade.-

Y ahora, Marat,

ahora yo veo

a dónde conduce

esta Revolución.

Conduce a una lenta muerte del individuo,

a una lenta extenuación en la uniformidad,

a una agonía del juicio,

al cruel reniego de uno mismo,

a una fatal sujeción al Estado,

cuya esfera, infinitamente lejana, invulnerable,

planea muy por encima de cada uno de nosotros.

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